La Educación en El Salvador hoy en día continua
presentando serias dificultades en relación a la calidad y a la pertinencia de
los aprendizajes, situación que se manifiesta en los problemas de repitencia,
ausentismo, deserción escolar y sobre edad. De igual manera los procesos de
evaluación siguen mostrando la baja en los aprendizajes de las niñas y los
niños.
Existe servicios educativos incompletos, que se manifiestan
en la falta de infraestructura adecuada a las necesidades de las y los
estudiantes, infraestructura dañada, falta de equipamiento y recursos
tecnológicos, etc. A esto se suman las
limitaciones en débil rol social de la escuela y el débil trabajo con la
comunidad y con los diferentes actores del territorio. El riesgo social al que
se enfrentan la población a diario es de igual manera preocupante.
La formación del profesorado sigue siendo un desafío, las
aulas continúan siendo espacios cerrados, con enfoques y metodologías
tradicionales y con evaluaciones
centradas en el número. Esta situación favorece las condiciones de exclusión,
más que el acceso y la permanencia de las niñas y los niños y la población
joven en los procesos educativos. Estas y otras problemáticas son los
principales desafíos que hoy en día se ha planteado el gobierno de El Salvador,
a través del ente rector de la educación.
El Ministerio de Educación se ha planteado la necesidad de la
transformación, para la construcción de un nuevo Modelo Educativo que
fundamentado en los marcos normativos internacionales, nacionales y las
necesidades que demanda la sociedad salvadoreña, concibe la Educación como un
Derecho, como una necesidad y como un acto de Justicia. Para ello ha diseñado el Plan Social Educativo “Vamos a la Escuela”, el
cual considera que se excluye desde varias dimensiones: a- desde la rigidez
de los paradigmas culturales y religiosos; desde la normativa institucional,
desde la vulnerabilidad de los derechos de la niñez. b- se excluye desde la
escuela: a partir de los enfoques de organización y políticas educativas, los
criterios de admisión a la escuela, algunas prácticas educativas, los criterios
y modalidades de evaluación de los aprendizajes, los excesos burocráticos. c-
se excluye desde la Familia: La tradición familiar (negar el derecho a la
educación), las pautas culturales de género, por factores de pobreza y
discriminación.
De acuerdo con la “Política
de Educación Inclusiva de El Salvador” la cual trata de dar respuestas educativas orientadas a la eliminación
gradual y efectiva de las barreras de acceso y participación que faciliten el cumplimiento del derecho
efectivo a una educación oportuna, integral y en condiciones de equidad,
considera que la exclusión educativa, es un fenómeno común en
nuestro medio, basta con dar una mirada al entorno cotidiano para darse cuenta
que muchas niñas, niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas están fuera
del sistema educativo. Unas por su condición de discapacidad, otras por
dedicarse a tareas impropias de su edad…hay quienes están fuera por su
condición de víctima de violencia común, de la delincuencia cotidiana y en el
peor de los casos, por estar en actividades de explotación sexual comercial,
incluyendo las modalidades de trata de persona…también hay exclusión por no
atender las diferencias culturales y de género.
Ya dentro del sistema educativo, y
atendiendo el significado amplio de exclusión, existen casos de estudiantes (o
grupos de estudiante) que están en riesgo de exclusión, ya por estar en
condición de marginación dentro del sistema o por recibir
atención educativa de manera segregada (tal es el caso de estudiantes
talentosos o con discapacidad).
En el marco de la Política de Educación Inclusiva en El
Salvador, se pretende la construcción de un nuevo modelo educativo que contribuya
a erradicar las barreras para
el aprendizaje y garantizar la participación de todos los y las estudiantes,
eliminando presiones excluyentes, como también favorezca la inclusión social: de políticas, prácticas y una
cultura inclusiva.
La educación inclusiva implica una transformación gradual
del aula, de la institución educativa y del territorio. Esto implica:una
revisión seria de concebir y hacer las prácticas pedagógicas: de los
paradigmas, enfoques, teorías y metodologías, que están siendo aplicadas.
Implica concebir las instituciones educativas como espacios abiertos,
dinámicos, donde se interconectan diversas culturas y realidades individuales y
colectivas. Y finalmente implica trabajar la visión del
territorio y la gestión de la institución, su vinculación con el entorno, con
los actores sociales como agentes colaboradores de los procesos educativos
inclusivos.
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